Por: Arturo Ruiz, El Súper Cívico
A nivel
mundial, las playas se han convertido en un destino atractivo para los
vacacionistas, por tal razón, las playas de recreación son zonas de
esparcimiento generalmente muy concurridas en los periodos vacacionales y más
aún, si en sus aguas se desarrollan actividades acuáticas como el nado, el surf
y la pesca deportiva.
Estos
atractivos de playa se transforman en beneficios importantes para la
recreación, salud y bienestar de las personas. Que además atraen a numerosos
turistas, cuya estancia favorece a la economía de los prestadores de servicios
turísticos, comerciantes y restaurantes locales.
Pero es
bien sabido que introducirse al agua de mar puede convertirse en un riesgo para
la salud, en caso de que estas aguas estén contaminadas con excretas humanas;
que conllevan la presencia de agentes patógenos causantes de infecciones e
incluso la muerte.
Entre
estos agentes patógenos se encuentran las bacterias coliformes y se destaca el
Enterococcus faecalis, que es una bacteria muy infecciosa y altamente resistente
a numerosos antibióticos. Por tal razón, la contaminación de playas causadas
por descargas sin control de desagües domésticos no tratados, constituye un
problema muy serio para la salud de la población que vive en dichos lugares y
en un serio problema para el sector turístico.
Y quizá
quienes radicamos en Ensenada, Baja California, nunca imaginamos que esto nos
pudiera suceder, pero… ¡oh dioses de las fétidas aguas!!! Resulta que en pleno
periodo vacacional, las autoridades sanitarias, anunciaron el cierre preventivo
de tres playas de la ciudad de Ensenada, en pleno centro de la bahía.
¿Fue una
sorpresa para alguien? Al parecer si, y no fue una agradable sorpresa, ya que
este anuncio y la presencia de banderas rojas antes y durante el periodo vacacional,
sonó como el golpe al hígado de prestadores de servicios turísticos, del
ayuntamiento y quizá alcanzo a sacudir a la CESPE como entidad pública
responsable de la administración, alcantarillado y tratamiento del agua
potable.
A nadie le
agrada saber que la playa a donde pretende ir a vacacionar esta contaminada por
bacterias de origen fecal, es como saber que se nada entre aguas negras y
subproductos de los excrementos humanos.
Esto es
además un golpe a la nuca de los empresarios quienes han confiado por años en
que las cosas se hacen bien en nuestro municipio y es un agravio para la ciudad
en la que se presume que tenemos la mayor cantidad de científicos “per cápita”,
para la ciudad sede de la facultad de ciencias marinas, de biología, del
prestigioso CICESE y de investigadores de la UNAM… ¿Que nos está pasando? ¿Ya
perdimos la vergüenza?
Acaso era
necesario que emergiera una revolución microbiana encabezada por feroces
enterococos fecales y eschericchias coli furibundas, para que abramos los ojos
y seamos más exigentes con nuestras autoridades para que cumplan con su trabajo
y para que lo hagan bien.
Porque no
se vale decir que esta contaminación se debe a los escurrimientos ocasionados
por las inusuales lluvias, esta contaminación debe llevar tiempo y parece dar
la razón a quienes desde los ámbitos ambientalistas han denunciado por años la
descargas de aguas residuales de hoteles, restaurantes, de desagües de cárcamos
de la CESPE y del escurrimiento permanente de aguas residuales del arroyo de
Ensenada, sin que las autoridades de ecología y protección al ambiente del
municipio, estado y federación hayan actuado de forma responsable y eficaz para
frenar esta contaminación.
Esto que
ha sucedido, es un llamado al sector empresarial tan dado a la condescendencia
con las autoridades estatales, para que empiecen a entender que la
contaminación y la negligencia son factores que no solo afectan a los
ecologistas y ecosistemas naturales, sino que también tiene consecuencias
nefastas para la salud y la economía de toda la región.
Ojala que
los investigadores, científicos y académicos se decidan a salir de su esfera de
cristal y de su zona de confort, para que se involucren mas con la ciudad y la
naturaleza que los hospeda y les da de comer.
Y sobre
todo, es un llamado para que la sociedad en su conjunto, le exija en primer
término a la CESPE que deje de tirar aguas negras a los arroyos y al mar y que
se dejen de pretextos para poner un alto a los fraccionamientos que derraman
sus aguas negras a cielo abierto. Tenemos que exigir que la SEMARNAT, la
PROFEPA y la autoridad de ecología municipal, revisen a todas aquellas
industrias, embarcaciones y zonas con frente al mar concesionadas, en donde
residen extranjeros para impedir que estos asentamientos, estén arrojando aguas
negras o residuales al mar.
Este es
nuestro mar, esta es nuestra ciudad y es nuestra tierra. Por tal razón tenemos
que protegerla a menos que estemos dispuestos a que nuestros propios desechos
empiecen a cobrarnos la factura y a perecer a causa de sus efectos en nuestra
salud y ecosistemas.
Y esta
revolución microbiana en Ensenada liderada por el enterococo salvaje, debe
tener por lo menos como consecuencia, la salida de Carlos Loyola de la CESPE y
para que ese organismo deje de ser el premio de consolación de políticos
panistas perdedores, que al no ganar sus candidaturas o precandidaturas, son
premiados dirigiendo este organismo administrador del agua.
Que además
tiene que tratarla adecuadamente y dejar de arrojarla al mar optimizando el
recurso agua, mediante una línea morada destinada para el riego de parques y
jardines... ¿O no?

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